«Porque por un solo Espíritu fuimos
todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y
a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu» — 1 Corintios
12.13 (RVR1960)
1. ¿En qué consiste?
Ya entendiendo que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, el mismo Dios en diferente subsistencia, es propicio tratar uno de los ministerios que cumple hoy en día, en relación al creyente. Es vital conocer y entender la obra del Espíritu Santo para saber cómo realmente opera, y no ser confundidos por las diferentes corrientes de doctrina que hoy afectan a la Iglesia de Cristo.
El bautismo del Espíritu Santo podemos
definirlo en base al texto que leemos en la primera carta del Apóstol Pablo a los
corintios, capítulo 12, versículo 13, en donde leemos: “Porque por un solo
Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean
esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu”
(RVR1960). El texto nos ayuda a entender que el bautismo del Espíritu Santo
consiste en una obra mediante la cual el creyente es colocado en el cuerpo de
Cristo en el momento de su conversión (Efesios 1.13,14)(1). En vista de esto, es incorrecto orar por
el bautismo del Espíritu Santo, pero sí podemos pedir a Dios que nos llene
(Efesios 5.18). El concepto griego para “bautizados” es ebaptisthēmen,
y tiene su raíz en baptízō. En el Nuevo Testamento es usado
particularmente para describir el rito de la ablución sagrada, primero
instituido por Juan el Bautista, después por la orden de Cristo recibida por
los cristianos, practicándose vía inmersión por agua, realizada como signo de
la eliminación del pecado(2). Pero el concepto guarda una idea mucho
más profunda que el hecho de que alguien sea inmerso en el agua; tiene que ver
con que hemos adquirido compañerismo, unidad e identificación con Jesús en Su
muerte y resurrección, muriendo a nuestra vieja forma de vivir, y resucitando a
una nueva vida que agrada a Dios. Esto lo encontramos reflejado en lo que
escribe Pablo, en su carta a los romanos, capítulo 6, desde el versículo 3 al
6, en donde leemos el mismo concepto griego ebaptisthēmen. Por lo
tanto, el bautismo del Espíritu nos identifica con la obra de Cristo y con la
comunidad de creyentes(3). La inmersión en agua es la forma
práctica y visual de reflejar esa identificación con nuestro Salvador.
2. Prometido en el Antiguo Testamento,
anunciado por Juan el Bautista, y prometido por Jesucristo.
La llegada del Espíritu Santo para morar en la vida del creyente fue anunciada en el Antiguo Testamento, y quiero hacer menciones de 3 profetas que lo hicieron por medio de la inspiración Divina. En primer lugar, tenemos lo dicho en Isaías, capítulo 44, versículo 3, en donde leemos: “Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos” (RVR1960). En segundo lugar, tenemos lo dicho por el profeta Ezequiel, en el capítulo 11 de su profecía, versículo 19, en donde dice: “Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne” (RVR1960). En tercer lugar, tenemos al profeta Joel, que escribe en el capítulo 2 de su profecía, en los versículos 28 al 32: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo; porque en el monte de Sion y en Jerusalén habrá salvación, como ha dicho Jehová, y entre el remanente al cual él habrá llamado” (RVR1960). Y debemos leer cuidadosamente los versículos de la profecía de Joel, porque no es un cumplimiento exacto de lo ocurrido cuando vino el Espíritu Santo el día en que culminó el Pentecostés. El Apóstol Pedro, en Hechos 2, citó esta profecía en su discurso, pero no dijo que la profecía se estaba cumpliendo, porque las palabras de Joel no se van a cumplir sino hasta el fin de la tribulación. Pedro aludió a que este es el mismo Espíritu Santo del que se habla en Joel. Para ser más exactos, los versículos 17 y 18 (Joel 2.28,29) se cumplieron en Pentecostés, y los versículos 19-21 (Joel 2.30-32) se cumplirán en el fin de los tiempos.
Esta obra del Espíritu fue anunciada por
Juan el Bautista (Mateo 3.11; Marcos 1.8; Lucas 3.16; Juan 1.33), y no podemos
aplicar el bautismo con fuego, debido a que ese bautismo se refiere al juicio,
y será cumplido en la segunda venida de Cristo (Malaquías 3.1,2; Lucas 3.9,17).
La conjunción “y” cubre un largo período de tiempo(4). El bautismo de Juan sirvió como señal de
que habían pedido a Dios el perdón de sus pecados y se habían decidido a vivir
como Él quiere(5); fue uno de esperanza anticipada de la
venida del Espíritu(6).
Jesucristo también promete la venida del
Espíritu Santo (Lucas 24.49; Juan 14.16,17), y note que Él menciona 4 cosas de
alta importancia mencionadas en el evangelio según Lucas y Juan: (a) la promesa
fue hecha por el Padre al pueblo de Israel, por medio de los profetas, y un
poco más atrás revisamos algunas de estas profecías; (b) una vez llegado el
Espíritu Santo, los creyentes serían investidos de poder para alcanzar el mundo
entero con el mensaje de salvación (Hechos 1.8); (c) el Espíritu vendría para
morar en el creyente para siempre, cumpliendo así un ministerio diferente al
que ejerció en el Antiguo Testamento, morando de forma selectiva y temporal;
(d) y podemos conocer los asuntos Divinos, porque el Espíritu mora con nosotros
y está en nosotros. Tal como Jesús les dijo a los discípulos, según leemos en
el evangelio según Juan, capítulo 24, versículo 49, debían quedarse en
Jerusalén para recibir la promesa del Espíritu Santo, y se los volvió a
recordar en Su estado resucitado. Como sabemos, luego de resucitar, Cristo se
apareció a los discípulos y otras personas por un período de 40 días, y estando
junto con ellos les volvió a prometer la venida del Espíritu, y lo podemos leer
en el libro de Hechos, capítulo 1, versículos 4 y 5, y esta vez quedaban menos
días para Su llegada.
3. ¿Cuándo y cómo ocurre? El relato bíblico.
En primera instancia, dijimos que la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo, fue prometido a Israel y no a la iglesia, con el fin de que anden con un corazón limpio y recto. Eso lo entendemos debido a que las profecías de Su llegada fueron hechas específicamente al pueblo de Israel, y podemos leerlas en Isaías, capítulo 44, versículo 3; Ezequiel, en el capítulo 11 de su profecía, versículo 19; o en Joel, capítulo 2, en los versículos 28 al 32. Estos versículos fueron mencionados en el ítem anterior. Pero aun considerando que fue prometido a Israel, no podemos decir que los gentiles estarían excluidos de recibirlo en algún momento. Quiero recordar el cántico de Moisés, en Deuteronomio, capítulo 32, versículo 21, en donde leemos un extracto que dice: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; Yo
también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, Los provocaré a ira con una nación insensata”. Veamos también lo que dice en Oseas, capítulo 2, versículo 23: “Y la sembraré para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama; y diré a Lo-ammi: Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío”. Estos versículos nos hablan del rechazode Israel hacia Dios, y de la elección de los gentiles para salvación. Dios ya no trataría con Israel como pueblo, e integraría a los gentiles para serlo; de ahí ya estaba pensada la iglesia. De esto también escribe Pablo, en su carta a los romanos, en el capítulo 9, versículos del 30 al 33. Dios extendió la posibilidad de salvación a los gentiles, y tendría que regenerarlos y santificarlos mediante Su Espíritu. En ese sentido, el Espíritu estaría ya contemplado para un tiempo futuro. Inclusive, Jesús habló de la iglesia en alguna oportunidad (Mateo 18.17).
El bautismo del Espíritu Santo se cumple
cuando culmina el Pentecostés, la segunda de las tres grandes fiestas judías, y
sucede justamente con los judíos en primer lugar. Los creyentes hablaron en
lenguas, alabando a Dios en idiomas que no conocían naturalmente, y el
propósito del don de lenguas fue impresionar a los judíos con el milagro que se
estaba realizando(7). Esto podemos verlo en el capítulo 2 del
libro de los Hechos. Posteriormente sucede con los gentiles, en el capítulo 10
de Hechos (v.44), en la casa de Cornelio, un centurión del ejército romano,
establecido en Cesarea; Pedro estaba predicando y el Espíritu Santo cae sobre
todos los que estaban oyendo el discurso. Nuevamente, en este caso, hablaron en
lenguas como señal de haber sido bautizados por el Espíritu Santo. En Hechos se
usa la palabra “bautismo” nada más que dos veces en relación al Espíritu; en el
capítulo 2, cuando vino a los judíos, y en el capítulo 10, cuando vino a los
gentiles(8).
4. Los errores de la perspectiva
pentecostal y carismática.
4.1 La perspectiva pentecostal:
Según el pentecostalismo clásico, el
bautismo en el Espíritu Santo se entiende como una experiencia separada y
distinta que ocurre en algún momento después de la regeneración. Es una
experiencia de empoderamiento, que equipa a los creyentes llenos del Espíritu
para testimonio y ministerio(9). Extendiéndose de esto es la creencia que todos
los dones espirituales mencionados en el Nuevo Testamento deben ser buscados y
ejercitados para edificar la iglesia(10). Los pentecostales creen que el bautismo
del Espíritu estará acompañado por la evidencia física de hablar en lenguas(11). Suelen mencionar que la base bíblica
está fundamentada en la descripción de Pentecostés en Jerusalén, en Hechos,
capítulo 2, versículos 1 al 4. De acuerdo con la interpretación bíblica pentecostal,
el Evangelio de Juan, capítulo 20, versículo 22, muestra que los discípulos de
Jesús ya habían nacido de nuevo antes de que el Espíritu Santo cayera en
Pentecostés. Luego citan ejemplos bíblicos en el libro de Hechos 2, 8, 10 y 19
para mostrar que era común en el Nuevo Testamento que el bautismo del Espíritu
ocurriera después de la conversión. Al seguir el patrón bíblico, argumentan,
los cristianos de hoy también deben orar por este bautismo que da como
resultado un mayor poder para el ministerio y el testimonio(12).
4.1.1 Respuesta a la
perspectiva pentecostal:
El bautismo del Espíritu Santo debe
entenderse, de manera general, como la llegada y recepción del mismo, aún sin
considerar el conjunto de todas las obras maravillosas que realiza en el
creyente. En el Antiguo Testamento, cuando es prometido, Jehová dice
“derramaré” mi Espíritu (Isaías 44.3; Joel 2.28), y un Espíritu “pondré”
(Ezequiel 11.19). El don del Espíritu Santo marca el comienzo de la experiencia
cristiana y, por tanto, el bautismo del Espíritu debe entenderse a la luz de Su
obra total en los cristianos; no podemos pertenecer a Cristo sin Su Espíritu
(Romanos 8.9); no podemos estar unidos a Cristo sin Su Espíritu (1 Corintios
6.17); no podemos ser adoptados como Sus hijos sin Su Espíritu (Romanos
8.14-17; Gálatas 4.6-7); y no podemos estar en el cuerpo de Cristo sin el
Espíritu (1 Corintios 12.13)(13). A la luz de esto, decir que el bautismo del Espíritu
es una experiencia posterior a la conversión, es desconocer todas estas maravillosas
obras que ocurren en el creyente cuando Lo recibe. Si fuera una experiencia
posterior, significaría ser colocados en el cuerpo de Cristo junto a otros
creyentes después de haber sido regenerados (Cf. 1 Corintios 12.13), y eso está
lejos de ser una enseñanza bíblica. Hechos, Pablo, y Juan hablan de muchas
experiencias del Espíritu, pero no de una segunda o tercera experiencia del
Espíritu claramente indicada como tal. Por lo que concierne a Lucas,
Pentecostés no fue una segunda experiencia del Espíritu para los discípulos,
sino su bautismo en el Espíritu para ingresar en la nueva era (Hechos 1.5), el
nacimiento de la iglesia y su misión. Los intentos de armonizar los pasajes de
Juan 20.22 y Hechos 2 a un nivel histórico directamente podrían ser erróneos,
ya que el propósito de Juan puede ser más teológico que histórico, es decir, el
de destacar la unidad teológica de la muerte, resurrección, y ascensión de
Jesús, con el don del Espíritu y la misión(14).
¿Podemos entenderlo como una experiencia
separada y distinta que ocurre después de la regeneración? La regeneración es
el cambio radical que el Espíritu Santo realiza en el hombre cuando éste,
habiendo oído y creído la Palabra de Dios, recibe a Jesucristo como Salvador(15) (Juan 3.3-5; 2 Corintios 5.17; 1
Juan 5.1). El Espíritu de lo alto es el poder que efectúa el nuevo nacimiento
(Juan 3.3-8; 1 Juan 3.9), debido a que Él es el que da vida (Juan 6.63), como
un río de agua viva que fluye de Cristo y da vida al que acude y cree (Juan
7.37-39; 4.10,14). Por lo tanto, si mediante el bautismo del Espíritu Santo
somos regenerados, es una imposibilidad decir que ambos están separados entre
sí. ¿Está acompañado por la evidencia física de hablar en lenguas? ¡No
necesariamente! En este escrito no se pretende discutir la vigencia o abolición
del don de lenguas, pero sí descartar, a la luz de la Escritura, que dicho don
sea una característica del bautismo del Espíritu. Indudablemente los creyentes
hablaron en lenguas cuando el Espíritu se derramó en Pentecostés (Hechos 2.4),
en la casa de Cornelio (Hechos 10.44-46), y en la iglesia en Éfeso (Hechos
19.6). Pero también debemos notar que no se relata que hayan hablado en lenguas
los muchos que creyeron en el pórtico de Salomón (Hechos 4.4), ni los
samaritanos cuando Pedro y Juan les impusieron las manos (Hechos 8.14-17), ni
el eunuco que creyó en Jesús por predicación de Felipe (Hechos 8.34-38), y
tampoco el carcelero en Filipos (Hechos 16.29-34). De hecho, en el capítulo 19
de Hechos es la última vez que se menciona el hablar en lenguas como muestra de
recibir el Espíritu. Quiero agregar, además, que el mismo Fred Francis
Bosworth, pastor, evangelista, y autor de denominación Pentecostal, afirmó que
la tesis de Charles Parham, predicador y teólogo igualmente Pentecostal, que
asocia la glosolalia o don de lenguas con el bautismo en el Espíritu Santo, es
una falacia(15). Y si de algo es útil, considerando mi
convicción de haber sido bautizado por el Espíritu luego de haber creído en
Jesucristo como mi Salvador, hasta la fecha no he hablado en lenguas.
Y para finalizar, no podemos orar por el bautismo del Espíritu Santo (los discípulos no lo hicieron en Hechos 2.1), pero sí por la llenura del Espíritu (Efesios 5.18).
Y para finalizar, no podemos orar por el bautismo del Espíritu Santo (los discípulos no lo hicieron en Hechos 2.1), pero sí por la llenura del Espíritu (Efesios 5.18).
4.2 La perspectiva carismática:
Los carismáticos remontan sus orígenes
históricos al movimiento carismático de los años sesenta y setenta. Se
distinguen de los pentecostales porque tienden a permitir diferentes puntos de
vista sobre si el bautismo del Espíritu es posterior a la conversión y si las
lenguas son siempre un signo de recibir el bautismo(16). Durante los años ochenta surgió otro
movimiento de renovación denominado "Tercera Ola del Espíritu
Santo" (la primera ola fue el pentecostalismo y la segunda ola fue el
movimiento carismático). Los carismáticos de la tercera ola subrayan que la
predicación del evangelio, siguiendo el patrón del Nuevo Testamento, debe ir
acompañada de "señales, prodigios y milagros." Ellos creen que todos
los cristianos son bautizados con el Espíritu Santo en la conversión, y
prefieren llamar a las experiencias posteriores como
"llenarse" con el Espíritu Santo. John Wimber y las iglesias del
viñedo están más prominentemente asociados con esta etiqueta(17).
4.2.1 Respuesta a la
perspectiva carismática:
Es novedoso notar que, por lo general, los
del movimiento carismático se abren a escuchar otros puntos de vista con
respecto al bautismo del Espíritu Santo, y eso es destacable. Esa disposición
ha permitido que los nuevos movimientos carismáticos hayan adoptado correctas
enseñanzas bíblicas. Y de hecho, los carismáticos de la tercera ola concuerdan
con la enseñanza bíblica de que el bautismo del Espíritu ocurre en el momento
de la conversión. Y aparentemente manejan un adecuado concepto de la llenura
del Espíritu. Pero no encuentro adecuado el relacionar las señales, prodigios y
milagros con la predicación del Evangelio. Si buscan su base en las señales,
prodigios y milagros que Dios hacía por medio de Pablo cuando predicaba la
Palabra, estos milagros probaban que Pablo era un apóstol de Dios (2 Corintios
12.12), y el objetivo era causar efecto en los judíos (1 Corintios 1.22) y
gentiles (Romanos 15.18,19); tuvieron un propósito en particular. No suelo
limitar al Dios que, en Su soberanía, pueda permitir el acontecimiento
de un hecho milagroso para que alguien crea en Él. Pero aquello no nos
lleva a pensar que la predicación del evangelio está incompleto sin
estas señales, prodigios y milagros, o que debe ser acompañado por éstos
de forma reglamentaria.
Bibliografía
(2) Thayer’s Greek Lexicon; βαπτίζω; http://bibliaparalela.com/greek/907.
(3) Biblia de Estudio Diario Vivir, Artículos y guías por Tyndale House Publishers Inc., pág. 1486.
(4) Bosquejos Expositivos de la Biblia, Warren W. Wiersbe, Grupo Nelson, Tomo 4, pág. 19.
(5) Biblia de Estudio Diario Vivir, Artículos y guías por Tyndale House Publishers Inc., pág. 1222.
(6) Bosquejos Expositivos de la Biblia, Warren W. Wiersbe, Grupo Nelson, Tomo 4, pág. 63.
(7) Bosquejos Expositivos de la Biblia, Warren W. Wiersbe, Grupo Nelson, Tomo 4, pág. 18.
(8) Bosquejos Expositivos de la Biblia, Warren W. Wiersbe, Grupo Nelson, Tomo 4, pág. 38.
(9) Duffield, Guy P.; Van Cleave, Nathaniel M. (2008) [1983], Foundations of Pentecostal Theology, Los Angeles, California: Foursquare Media, p. 312.
(10) Grudem, Wayne (1994), Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine, Grand Rapids, Michigan: Zondervan, pp. 763–64.
(11) "Introduction"; New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements.
(12) Grudem, Wayne (1994), Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine, Grand Rapids, Michigan: Zondervan, pp. 764–65.
(13) Biblia de Estudio Diario Vivir, Artículos y guías por Tyndale House Publishers Inc., pág. 1481.
(14) Nuevo Diccionario Bíblico Certeza, Certeza Unida, Segunda Edición Ampliada, Espíritu Santo, p. 460.
(15) Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, Grupo Nelson, Versión Revisada y Aumentada, 2013, Regeneración, p. 954.
(16) Bosworth, F.F. Do we all speak with tongues? n.d. circa 1918.
(17) Grudem, Wayne (1994), Systematic Theology: An Introduction to Biblical Doctrine, Grand Rapids, Michigan: Zondervan, pp. 763–64.
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