«Sométase toda persona a
las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y
las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad,
a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación
para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace
el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y
tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si
haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de
Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario
estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de
la conciencia» — Romanos 13.1-5 (RVR1960)
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I. Un vistazo a la realidad.
En América Latina, la crisis
gubernamental y política de diversos países se ha hecho cada vez más evidente,
y a raíz de lo mismo, sus respectivas sociedades han sido golpeadas. Podemos
ver, por ejemplo, que las encuestas en países tales como México, Colombia,
Chile, Perú, Brasil, Ecuador, Bolivia, entre otros, han mostrado índices por
bajo del 35% de aprobación de sus respectivos gobiernos; la sociedad está
cansada. La corrupción y el nepotismo se transforman en conceptos inherentes a
las autoridades, y la gente responde con protestas masivas, agresiones físicas
y verbales, rebeldía, y diversas expresiones llenas de rencor, en vista a la
tensión que se les provoca. Hay muchos cristianos que no se han visto exentos a
responder de esta manera, y según vemos en los parámetros bíblicos, esto no es
correcto. Es una realidad que los cristianos nos hemos visto perjudicados de
una u otra manera, pero eso no nos autoriza a actuar como actúa el inconverso;
nuestras acciones deben ser diferentes, santas.
II. ¿Quién gobierna el mundo?
Me ha sorprendido últimamente que
hay muchos cristianos que se quejan en sobremanera sobre sus autoridades (por
causa de sus mentiras y actos corruptos), principalmente por medio de las
famosas redes sociales. Muchos, de hecho, se han opuesto a dichas autoridades y
actúan de manera rebelde frente a ellas. Más que el hecho de quejarse, me
sorprende que vean estos hechos como algo tan novedoso. Sabemos que a Satanás
se le llama “el dios de este mundo” (2 Corintios 4.4; Juan 12.31), debido a que
ejerce su poder sobre los que viven en desobediencia a Dios (Efesios 2.2; 2
Timoteo 2.26; 1 Juan 5.19), influenciando sobre sus pensamientos, opiniones,
cosmovisiones, motivaciones, intenciones y acciones. Si este es un hecho
bíblico claro, entonces, ¿por qué le sorprende tanto, amigo lector, que el
gobierno, conformado por personas que viven en desobediencia, realicen
determinadas acciones basadas en mentiras y egoísmo? El diablo es un mentiroso
(Juan 8.44); ¿cómo espera que actúen sus súbditos? A veces nos esforzamos en
querer luchar contra las personas, cuando la raíz misma se centra en la obra de
nuestro principal enemigo, Satanás (Cf. Efesios 6.2). Sepa algo muy importante:
aunque el diablo esté gobernando en el mundo, El Dios Soberano y Todopoderoso
tiene absoluto control sobre él, y permite que opere en este mundo bajo los
límites que Él le ha puesto.
III. Lo que Dios pide a sus hijos.
Dios, por medio de su palabra,
inspirando al Apóstol Pablo, ya nos indicó qué es lo que debemos hacer en estos
casos. Nos ha indicado cuál debe ser nuestro comportamiento frente a esta
situación. ¿Qué ha dicho Dios? ¿Nos pide protestar?; ¿nos pide incansable queja?;
¿Nos pide desenmascarar a los gobernantes y políticos?; ¿Nos pide oposición y
deshonra hacia ellos? ¡Claro que no! ¿Qué nos pide? En primer lugar, la primera
carta de Pablo al joven Timoteo, capítulo 2, versículos 1 y 2, nos dice que
debemos hacer rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos
los hombres, incluyendo a los reyes y todos los que están en eminencia. Debemos
orar por ellos “para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y
honestidad” (1 Timoteo 2.1,2). En segundo lugar, haciendo alusión al versículo
bíblico que encabeza este artículo, debemos someternos, es decir, obedecer a
las autoridades y funcionarios del gobierno. ¿Cuál es la razón? “Porque no hay
autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”
(v.1). Usted dirá: “¿quiere decir que las autoridades corruptas que gobiernan
mi país fueron colocadas por Dios?” ¡Así mismo es! Pues, notemos el contexto
histórico en el cual Pablo escribió estos versículos; tanto 1 Timoteo como la carta
a los romanos se escribieron dentro del período en que el cruel emperador
Nerón, perseguidor de los cristianos, estaba al mando (54 - 68 d.C.), de hecho,
Pablo fue muerto bajo el poder de Nerón. Asimismo, recordemos que Juan el
bautista fue decapitado por Herodes; Jesucristo fue crucificado bajo Poncio
Pilato; Santiago, el hermano de Juan, fue muerto bajo la espada de Herodes. Sin
embargo, Pablo dice que las autoridades superiores son establecidas por Dios, y
que oremos por ellos. ¿Cómo puede suceder esto? Dios, en Su Soberanía, ha
permitido, permite, y permitirá que ciertas personas estén al mando de una
nación. Un cristiano que ha conocido a Dios, entenderá que el Dios Soberano
sigue estando al control, y coloca los límites a quienes tienen un lugar de
prominencia. (Ver también 1 Pedro 2.13-17)
IV. ¿Hasta qué punto debo someterme a las
autoridades?
En los versículos que encabezan
este artículo, no leemos que Pablo, inspirado por Dios, haya escrito
condiciones bajo las cuales debemos obedecer a las autoridades. Tampoco
condiciones bajo las cuales debamos orar por ellos. Sólo debemos obedecer, y el
argumento básico es que Dios estableció gobernadores.
Hay algo que es cierto; los
magistrados están para actuar con justicia, castigando a quien hace lo malo y
honrando o reconociendo a quien hace lo bueno (vv.3,4). ¡Qué paradoja!
Concuerdo con usted en que muchas veces no sucede esto. Pero la escritura no
nos manda a someternos “si es que” los magistrados hacen tal, o tal cosa.
Debemos hacerlo porque fueron establecidos por Dios; esto es una realidad, y si
las autoridades no están haciendo lo que les corresponde, de forma responsable,
es un asunto que Dios tratará con ellos. A nosotros debe motivarnos el hecho
que nuestro Padre los colocó en donde están (v.1).
Habiendo considerado esta primera
parte, en segundo lugar, ¿debemos obedecer absolutamente todo lo que las leyes
gubernamentales nos piden? El gobierno humano, según nos indican estos
versículos de romanos, capítulo 13, versículos del 1 al 5, están para actuar
con justicia; con justicia según los parámetros justos de Dios. Esa es su
responsabilidad. Son servidores de Dios para nuestro bien, y deben hacer
justicia con quien hace lo bueno y lo malo. Lamentablemente estos objetivos han
sido desvirtuados por el hombre que ha llegado a un lugar prominente en el
liderazgo nacional, y en vez de hacer lo justo, ha hecho lo injusto.
Considerando esto, el único momento en que debemos oponernos, y no someternos,
es cuando ellos se oponen abiertamente a Cristo y Su iglesia, o cuando entran
en conflicto con un mandamiento de Dios. Veamos en Hechos, capítulo 5,
versículo 29, cuando Pedro y los apóstoles fueron llevados ante las autoridades
religiosas, el sumo sacerdote nuevamente les estaba prohibiendo que enseñasen
en el nombre de Jesucristo, queriendo que violen el mandamiento de Cristo de
que le sean testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último
de la tierra, descrito en Hechos, capítulo 1, versículo 8. Pedro y los
apóstoles priorizaron obedecer la orden de Cristo, quien es soberano de todo.
Es importante notar, además, que el mismo apóstol Pedro escribió en su primera
carta a los cristianos judíos expulsados de Jerusalén, capítulo 2, versículos
13 y 14, que se sometan, por causa del Señor, a las instituciones humanas; rey,
superiores y gobernadores. Pedro lo escribió justo cuando el cruel emperador
Nerón protagonizó una terrible persecución contra los cristianos.
V. Conclusión.
No se queje más por la
corrupción, mentira y engaño del gobierno; asuma que es el diablo influenciando
de manera negativa. Como hijos de Dios, seamos obedientes y oremos por quienes
están gobernando nuestro país; sometámonos a las leyes que impongan, siempre y
cuando no entren en conflicto con las leyes de Dios, y las órdenes que Su Hijo
nos dejó. Usted puede pasar toda la vida reclamando, pero no solucionará
absolutamente nada. No encontramos registro bíblico de que Pablo se haya
quejado o hablado mal sobre las pésimas condiciones en que se encontraban las
cárceles romanas. Dios juzgará, a Su tiempo, a quien gobernó de forma injusta.
Sea obediente y sométase, de lo contrario, se opone a lo establecido por Dios,
y hay castigo para quien se opone.
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